5 etapas de ti.

NEGACIÓN

 

Pasaron los días y yo seguí esperando el momento para romperme. Pero no lo conseguí. Tu partida fue casi indetectable porque la vida siguió como si nada. Tu ausencia fue una capa que me protegió de sentir, evitando que me derrumbara. Y el sol siguió saliendo y el tiempo siguió corriendo frente a mí, sin tocarme, sin cambiarme. Me quedé estancada.

Una barrera de soledad cubrió mi cuerpo, no pude dejar escapar ni una lágrima. Pensarte era normal, no provocaba nada. Era como si no te hubieras ido porque no podía ni extrañarte. Tal vez fueron los estragos que dejó tu presencia, dejaste tu huella en todas partes, en mis manos, en mis ojos y en mi forma de pensar. tal vez estás tan dentro de mí que sigues aquí, tal vez es la vana certeza de que te sigo teniendo lo que me evita sufrir.

IRA

A que te hace muy feliz saber lo mucho que me jodiste. A que dejas escapar una sonrisa cada vez que piensas en todas las veces que te he invocado junto a la ventana.

Apuesto a que se te levanta el ego al saberme tan perdida, tan atorada, vagando entre sus manos y las del otro sin poder olvidarte.

Haz de reírte de saber que mi corazón se encuentra pasmado, sin morir, sin latir de nuevo. De saber que mi vida completa es una redundancia, que cada pensamiento empieza en ti, tratando de escaparte y acaba en ti de nuevo. Y es que te fuiste sin llevarte nada, pero cuántas cosas dejaste. Me transformaste, te encargaste de que fuera imposible olvidarte.

ANSIEDAD

Un ataque de pánico más, otro experimento fallido. Otra vez mis ganas de escapar. Más conversaciones vacías que me hacen extrañarte, demasiada adrenalina corriendo por mi sangre, intentando distraerme, intentando levantarme.

Y el olvido que me persigue, que intenta reemplazarme, con ella, con la que hoy te hace sonreír. Mis ganas de buscarte, de aferrarme a la punta de tus dedos, a la orilla de cada mirada, no vayas a soltarme.

Y luego salgo corriendo, en dirección opuesta, a opacarte con un trago o dos, a distraerme con uno o dos, pero tu recuerdo siempre termina por alcanzarme y me llena de miedo, porque lo sé, lo siento… después de ti, ningún cielo será suficiente.

DOLOR

Como un abismo que se convirtió en mi realidad llegó tu ausencia, desatando mi locura de extrañarte, quitando todo lo agradable, opacando hasta mi risa.

Como fuego que nace desde mis entrañas y arrasa con todo lo que queda de mí, convirtiéndome en nada. Ahogándome con hubieras y otros sinsentidos, que se revuelcan en cada pensamiento, llenándome de culpa, de remordimiento.

y mátame, mátame de una vez, si no vas a volver, si éste es el final. si no logro olvidarte ¿lo es?

ACEPTACIÓN

Casi pude escuchar al mar al ver el cielo tan lleno de estrellas. Que mirar el cielo, es mirar el pasado, es recordarte.

Me duelen todas las cosas que quiero decirte y se pierden con la distancia. Me duele saber que eres sólo un recuerdo.

El amor es lo que queda después del olvido, es ese fragmento que sobrevive al luto completo. Eso que queda después de odiarte y de llorarte, lo que sobrevive a través del tiempo.

Porque el tiempo no borra los sentimientos, ni los recuerdos. No borra nada, no sana nada. Acomoda lo que estaba, lo que queda y lo que está, formando una armonía. Sanando cada herida y componiendo cada parte hasta formar un todo, un todo que incluye eso que dejaste y que estará en mí por siempre, un todo que me permite recordarte sin buscarte, sin extrañarte.

Eso que llamábamos Felicidad

Aún recuerdo como se sentía. Como una brisa cálida que lejos de erizar la piel, la abrigaba. Como las manecillas del reloj desapareciendo, haciendo del tiempo pequeños instantes que parecían algo eterno. Aún recuerdo el calor del sol y todos los colores, los aromas y las pequeñas certezas que llenaban el alma de tranquilidad. Los mañanas seguros y la incertidumbre del futuro menos temerosa.

Todavía recuerdo esas largas caminatas sin dirección alguna, tomados de la mano, donde cualquier lugar parecía un paisaje. Nuestra habilidad para matar el tiempo, tu respiración profunda, uno que otro ronquido que me arrullaba y la luna de fondo.

Recuerdo los rayos del sol que hacían aparecer destellos dorados en tu cabello y líneas verdes y amarillas en tus ojos, recuerdo como mi mente se pasmaba mientras te observaba y el magnetismo que unía a mis manos con tu piel.

La tranquilidad de no buscar, como si lo tuviéramos todo. La sensación de poseer todas las respuestas y carecer de dudas. La inercia de hacer las cosas sólo por hacerlas. El ambiente estancado en una bola de cristal, donde no había nada más, porque nada más faltaba, la perfección. Recuerdo disfrutar.

Hasta que empezamos a verle cara de celda, y por más que la adornamos no volvió a sentirse igual. El tiempo se frustró y comenzaron las preguntas, la ansiedad. Se soltaron nuestras manos y salimos a buscar lo que ya teníamos, pero que en algún punto nos llegó a estorbar.

Porque eso que buscamos todos los hombres, va en contra de nuestra humanidad. Porque es indefinible y no lo vemos hasta que ya no está. Porque sería imposible detener el cambio, por más relativo que éste sea, porque no depende de nosotros. Porque nuestra necesidad se inclina más hacia buscar que hacia haber encontrado, porque si fueras algo eterno, no serías tan especial.

Recuerdo cuando los recuerdos no eran más que eso, hasta que los cargamos con conceptos y comparativos que lograron distorsionarlos. Recuerdo tu recuerdo, que ha cambiado. Porque lo que hoy recuerdo de ti, no es lo que eres ni lo que eras en ese entonces, es un fragmento distorsionado de la felicidad que algún día encontramos, de la felicidad que soltamos.

Aún tengo tu recuerdo, tengo el mío y el de lo que fuimos, Aún recuerdo eso que llamábamos felicidad.

El Culpable

Te soñé de nuevo. Y ni siquiera entiendo por qué. Sé que no eres el motivo de mi crisis, pero la verdad desde que no estamos juntos me he sentido muy perdida. Estoy como en un limbo, sin saber cual es el camino, entonces los cojo todos al mismo tiempo y luego me arrepiento y regreso a donde comencé, huyendo de mis propias acciones, siendo incapaz de tomar decisiones.

Lo estuve evitando toda la semana, hasta que explotó y me citó en un café para hablar.
Cuando nos encontramos él estaba muy nervioso, yo no podía ni mirarlo a los ojos. No sé en que punto me volví tan evasiva.

– No entiendo ¿Qué hice? Después de la noche que tuvimos el sábado pensé que todo estaba bien, pero te has comportado muy extraña toda la semana ¿Por qué me estás evitando? – me dijo, tratando de ocultar su desesperación.

El problema es que no sé que quiero, sé que estoy buscando algo, pero no sé qué y mientras lo busco he encontrado millones de cosas que no son respuesta a nada.

Lo conocí una semana antes, en una fiesta. Platicamos un poco de todo y la verdad la pasé bien, me pareció muy agradable y atractivo.
Hablamos toda la semana hasta que nos volvimos a encontrar el sábado.

El otro problema es que no sé poner límites, creo que es porque me aburren un poco. Debí ver en su mirada que se estaba enamorando, debí protegerlo y evitarme ésta situación tan incómoda.
No es que sea incapaz de enamorarme, tú mejor que nadie lo sabes, pero sigo sin lograrlo.

Platicamos mientras tomábamos cervezas y después caminamos por el malecón junto a la playa. Yo estaba un poco borracha, una cosa llevó a la otra y terminamos en mi casa.
Mientras él dormía hubo un momento en el que me sentí enamorada. Sus pies estaban entrelazados con los míos y su cuerpo se aferraba a mí con ansiedad, como si yo fuera lo único frenando una inminente caída. Pasee mis dedos por su espalda y su cabello, sintiendo que todo era perfecto hasta que me quedé dormida. Siempre recordaré ese momento.

A la mañana siguiente mi amor había muerto. No sabía ni cómo correrlo de mi casa, le hice de desayunar esperando que después se largara, pero no lo hizo. Así que me inventé un par de compromisos para que se marchara.

Cuando al fin estuve sola, entré a mi cuarto y su olor impregnado me repugnó. Abrí las ventanas y eché a lavar las sábanas como queriendo borrar más que eso.

Recuerdo cuando tú dormías aquí. Te levantabas y te marchabas temprano, siempre quería que te quedaras más tiempo. Te acompañaba a la puerta y me volvía a acostar. Aprovechando cada segundo en el que tu olor emanaba de la almohada. Olía mis brazos también impregnados con tu aroma y me sentía completa, en paz, sabiéndote parte de mí.

Mis amigas dicen que soy una culera, que siempre acabo por maltratar a las personas por mi falta de claridad. Pero no es así, sólo me falta enamorarme, como de ti. Pero lo he hecho otra vez. Me metí en un camino que sabía que no iba a ningún lado, pareciera que sólo me gusta andar dejando huellas. Y repito y repito éste mismo cuento que tanto me molesta, sólo le cambio el nombre a los personajes.

El tercer problema es que tengo la mente demasiado abierta. Me jodiste con nuestras pláticas de la relatividad y ahora todo me parece aceptable e indefinible. No tengo filtros y he perdido mi habilidad para comprometerme. El conocimiento empírico se ha vuelto mi única forma de aprender y me la paso metiéndome en cosas nada más para ver cómo se sienten, cómo funcionan, respondiendo enigmas que no me corresponden. Generando víctimas por mi simple necesidad de respuestas que al final me parecen absurdas.

Sólo quiero aterrizarme, me resulta muy pesado andar vagando por la vida con la adrenalina como motor, necesito un ancla, un algo que me haga detener todo esto. Necesito tus palabras de razón y que con tu escepticismo me obligues a tomar el papel de ingenua creyente porque ya nada me parece verdadero.

A veces creo que jodí las cosas, que nunca debí de dejarte ir, o más bien, nunca debí de haberme ido. Sé que no voy a encontrar a nadie como tú y antes solía pensar que eso era algo bueno. Pero sigo soñándote, como si fueras la respuesta a todas las situaciones incómodas en las que me meto. A veces creo que más que la respuesta, sólo eres el culpable.

without language

Your skin

White as cocaine

And your black hair

Perfect contrast

 

Between worlds

And cultures

And beliefs

We found ourselves

 

One in front of the other

So alone

Your hand in mine

Two different meanings

 

And I’m trying to figure out

What this is

What you think

What this should be

 

Easily forbidden

Softly strong

Like a song

Without a language

Lejos

Son éstas ganas de no pensar

Las que me tienen dándole vueltas a todo

Porque los problemas te siguen

A donde quiera que vas

.

Hay que aprender

A no solucionarlo todo

Que hay incógnitas que se deben perdonar

Cerrar los ojos, respirar

Y hacerse a un lado

.

Porque tu voz, y su voz

Y tantas voces se me van borrando

Pero hay caras que persisten

Como tatuadas en los dedos

.

Porque estando lejos

intento desintegrarme

entre ideas y recuerdos

perdiendo y encontrando tantas partes

tratando de huir, de reinventarme

Más no se puede empezar de cero

Probando otro mundo

Todo lo que la española acababa de decirme estaba lleno de razón.

No sé si debiera de escribir al respecto, no sé si pueda ofender de alguna manera, pero si no lo hago ¿Para qué estoy aquí y para qué escribo?

Es cierto. Mantener a una monarquía en un momento de crisis es un lujo que no satisface al pueblo. Para el punto visto a partir de conceptos, tener una monarquía es algo inútil cuando al mismo tiempo tienes un parlamento que funciona a partir de la democracia. Si el parlamento consta de un presidente y varios ministros y diputados encargados del poder ejecutivo y administrativo, de la resolución de crisis, de las propuestas para la mejora del país y la participación con el resto de Europa y que funciona a partir de una constitución ¿Dónde queda la participación monárquica?

Entonces la monarquía se convierte en un gasto inútil para sostener a una imagen retrógrada de algo que solía funcionar en la época medieval pero que se ha vuelto irrelevante.

Mientras los sueldos bajan, los impuestos suben y la gente está desempleada, la monarquía gasta increíbles cantidades de dinero en… vivir como reyes (jajá) Y mientras se gastan cantidades inmensas en la planificación de la coronación de un nuevo rey, el porcentaje de estudiantes ha disminuido a causa de los precios de las universidades, la calidad de la salud pública deja cada vez más a desear, hay una fuga de cerebros a causa de la falta de inversión en la investigación y desarrollo tecnológico y cada vez hay más gente siendo despojada de sus viviendas a causa de deudas que con falta de empleo no pudieron pagar. Los izquierdistas tienen hirviendo la sangre.

Por un momento me sentí de nuevo en el tercer mundo, me hirvió la sangre y me volví de izquierda. Es muy fácil ser de izquierda cuando sales todos los días a la calle y en la esquina COJES un bus limpio, que no contamina, lo suficientemente vacío como para poder ir todo el trayecto sentado. Cuando sales a la calle y no se te encoje el estómago pensando que en cualquier momento te pueden asaltar, violar o yo que sé. Cuando trabajas de las 10:00 a las 14:00 hrs, vas a comer a tu casa con tu familia, te hechas una siesta y regresas de las 17:00 a las 21:00 o menos. Cuando a pesar de que no es lo mejor, tienes acceso a la salud pública, a una clínica decente en tu comunidad, sin tener que formarte 3 horas antes, del otro lado de la ciudad o en otro estado, en el frío estando enferma, para conseguir una cita dentro de un mes. Cuando bien que mal, tienes un techo y alimentos y hasta da tiempo de celebrar a todos y cada uno de los santos en el calendario. Y sí, todos los de la izquierda odian a la iglesia, porque al igual que la monarquía se ha vuelto irrelevante y es un órgano que recibe cantidades enormes de dinero sin producir un coño y sin pagar impuestos.

Por supuesto no dejé de pensar en mi México lindo y querido, que es lo único que conozco.

Al parecer no se puede hablar de política sin hablar de robos y corrupción. O.K. partamos de la premisa que TODOS los políticos roban dinero. En México, un político tiene 6 años o menos para robar el suficiente dinero para mantener a su familia por tres o cuatro generaciones como reyes, entiendo que esto, como político, te llene de ansiedad y entonces te dediques a robar cantidades inimaginables. Pero un rey ¿Por qué coño robaría, si ya es rey? ¿Acaso el rey no vive como rey, necesita más? Lo peor no es que el rey robe dinero, lo peor es que no es para mantener a las próximas tres generaciones de su familia, ¡Ellos también van a ser reyes! Claro que, las cantidades que se roban en España han de ser (me imagino) mucho menores a las que se roban en México. (si es que se roban dinero, por supuesto la premisa es una suposición basada en leyendas urbanas de las cuales NINGUNA ME CONSTA).

Entonces, partiendo del análisis anterior, ¿Cuál es la solución? ¿Tener un gabinete que sólo tiene 6 años para hacerse millonario o tener una monarquía que por siempre va a ser millonaria?

Tal vez debieran de quitar la monarquía en España y en México deberíamos correr a todos los senadores y diputados y nombrar a un rey. De otra manera tenemos a más de 500 reyes sentados en la cámara y seguimos sin ser una potencia mundial.

Otro de los problemas que rigen a México (según yo) es la falta de identidad. Por favor, el tequila y los mariachis NO NOS DAN IDENTIDAD. Aquí todo el mundo tiene colgadas sus banderas de España, de la región (Galicia, Cataluña, etc) y de la unión Europea. Tienen una larga historia llena de símbolos con los cuales se siguen identificando, que los unen y que los hacen únicos, que les recuerdan a momentos en los que España era una potencia mundial. A partir de el México independiente ¿Qué símbolos hemos generado que nos unan como mexicanos? Por supuesto, 3 siglos de colonia bastaron para tumbar los símbolos de la historia prehispánica.

Si existe una identidad, existe entonces una unidad. Y al estar unidos es mucho menos factible que te nazcan las ganas y se te quite el remordimiento al CHINGAR al otro.

Entonces la monarquía cumpliría su función al ser un símbolo. Un Símbolo de una patria que en muchos momentos ha sido la más grande potencia mundial, un símbolo de unidad y tradición. (claro, podrían recortarles un leve el presupuesto)

En México no nos convendría tener un símbolo de tradición, la tradición sería joder a los de arriba. Siempre queremos tumbar al gobierno para poner a otro igual o peor. Siempre nos estamos quejando. No sería bueno voltear al pasado, no nos recordaría a hacer las cosas bien, porque nunca las hemos hecho bien.

Y claro, la calidad de vida en España está como está gracias a gobiernos anteriores, y si no se cuida ¿Cuánto falta para que llegue la delincuencia a los niveles mexicanos? En algún punto todo empezó. Si los nuevos gobiernos en España no solucionan la crisis y ésta crece, será cuestión de ¿Qué.. 50, 70 años para que a los españoles les de miedo caminar en la calle?

Sin embargo ellos, así como yo, no deben olvidar que todo es relativo y que su posición (ante mis ojos, al menos) es bastante privilegiada. Sin tampoco volverse conformistas, porque el conformismo es una tolerancia, que como toda tolerancia acaba distorsionándose y perdiendo de vista el límite. Siempre hay que aspirar a más.

Después en la plática llegamos a Suiza, el país más privilegiado. Que está tan por encima de todo, que los extranjeros que lavan dinero lo llevan allá porque es el lugar más seguro. Sí, la calidad de vida en suiza es infinita, y dudo mucho que haya izquierdistas a los que les hierva la sangre y se quejen del gobierno. Pero… ¿Cómo comparar a Suiza con España, y peor aún… con México? Si su extensión territorial y número de habitantes es mil veces menor.

Tal vez es esa la solución. Deberíamos de dividir al mundo en miles de países más. Es muy optimista querer tener un mismo gobierno para Chiapas que para el distrito federal. NO SON LO MISMO, no funcionan igual, no necesitan lo mismo. Tal vez debiéramos formar una utopía de mini-países que se caracterizaran como país agrícola, pesquero, minero, de servicios, etc. Con menos gente hay más participación del pueblo dentro del gobierno. El mismo gobierno de Suiza es ultra-sencillo y al mismo tiempo parece una utopía.

La plática no concluyo, como todas las pláticas de política, no pueden concluir porque no hay una forma correcta de hacer las cosas. Si la hubiera, entonces se acabarían los filósofos y el mundo estaría solucionado.

¿Pero qué puedo decir yo? Si sólo soy una rata tercermundista que cruzó el océano y está feliz porque puede ir sentada en el camión…

CODA

Escuché la cerradura de la puerta, corrí a apagar la luz y me metí en la cama. No quería enfrentar a Arturo ¿Qué le iba a decir? cuando entró al cuarto cerré los ojos fingiendo estar dormida, él entró tratando de no hacer ruido y sin prender la luz. Se quitó los zapatos y los botó en algún lugar cerca de la cama, después se desvistió, acomodó la ropa sucia en la silla del tocador y se acostó junto a mí.

Lleva un mes y medio sin oler a alcohol, sin embargo no se siente como algo afortunado. Escuché su respiración hasta que se volvió profunda, así supe que estaba dormido y me levanté, sin hacer ruido. Ya no soporto tenerlo cerca. Entré al estudio y cerré la puerta. El estudio se ha convertido en mi guarida cuando Arturo está en la casa, las paredes son gruesas y él no escucha el tecleo en la computadora o el rasgar del lápiz y así puedo existir, a escondidas.

No puedo explicarme lo que está pasando. Por fin Arturo está haciendo todo bien, llega relativamente temprano de trabajar, no sale de “viajes de negocios”, me lleva a todas las reuniones de la oficina, le ha quitado la clave a su celular y lleva un mes y medio sin tomar. Pero no me siento bien, no me la creo, hay algo muerto en mí. ¿Será acaso que extraño la adrenalina? Esas noches enteras pegada al teléfono, con los ojos en la puerta y fumando un cigarro tras otro hasta que él llegaba, enojado, apestando a alcohol y mala muerte. ¿Será que extraño la incertidumbre? Todas esas veces que no contestaba el teléfono o cuando se escondía para responder una llamada. ¿Qué me pasa?

Lidiar con la adicción de Arturo me destruyó por completo, mi espíritu no tiene identidad y mi alma está por completo fatigada. Hay que saber que una adicción va mucho más allá de la dependencia a cierta sustancia. Un adicto no sólo consume, miente, se esconde, evade, niega y tiene millones de conductas inapropiadas que destruyen a las personas a su alrededor, pero principalmente a ellos mismos.

Estaba lloviendo y era domingo la última vez que peleamos. Llevaba dos días sin saber de él y la ansiedad me estaba haciendo mierda. No podía más que tomar café y fumar porque si comía algo instantáneamente lo vomitaba. No podía cerrar los ojos, leer, ver la tele o distraerme con nada, sólo podía pensar en los distintos escenarios que explicaban la ausencia de Arturo y todos me llenaban de sentimientos altamente destructivos. Podía imaginármelo perfecto en la playa con una vieja, disfrutando, escuchaba su risa y me imaginaba sus manos paseándose por el cuerpo de esa extraña y me entraban ganas de incendiar la casa. Tal vez había muerto, por manejar ebrio, había chocado y se había desfigurado la cara y por eso nadie me había avisado. O estaba con su otra esposa, seguramente tenía otra familia con tres hijos hermosos que salieron con sus ojos y su sonrisa. Total, entre una fantasía y otra no pude más. Agarré la maleta más grande que encontré y empecé a empacar todas mis cosas. Por supuesto empecé con la ropa, pero en algún punto entre el vestido que usé en nuestro primer aniversario y las pantuflas que me regaló cuando estaba enferma empecé a sentirme más loca y dejé de empacar. Tendría que irme sin nada, porque todo lo que soy y todo lo que tengo me recuerda a él.

Se me acabaron los cigarros y salí a la tienda de la esquina a comprar más. Cuando iba de regreso lo vi merodeando por la puerta de la casa decidiéndose a entrar. No supe que hacer, quería destrozarlo, abrazarlo y besarlo, arrancarle la ropa, escupirle millones de insultos y soltarme a llorar. Me escondí atrás de un coche y esperé a que él entrara. Necesitaba prepararme para enfrentarlo.
Cuando al fin me armé de valor entré a la casa y él estaba sentado en la cama, llorando, se había aferrado a las pocas cosas que logré empacar. Me miró a los ojos y con la voz ahogada me dijo “No te vayas, no me dejes”. Eso me molestó en exceso ¿Cómo chingados me pide que no lo deje? ¿Acaso quiere que lo aguante toda la vida? ¿No le molesta hacerme sufrir de ésta manera? Pero también, el verlo llorar, completamente desesperanzado, me partió en dos. Quería abrazarlo, protegerlo y asegurarme de que nada en el mundo lo hiciera sufrir. Así de pinche es el amor.

Ese es el problema con la ambigüedad de sentimientos, ¿Cómo decidir a cuál seguir? Definitivamente no podía mezclar mi ira con las ganas de cuidar a Arturo ¿y cómo encontrar un sentimiento intermedio? ¿Cómo encontrar una reacción que no traicione a ninguno de mis dos sentimientos?

Me le quedé viendo, inmóvil. Mi cuerpo temblaba y las lágrimas brotaban sin parar. No pude emitir ningún sonido, ni hacer ninguna seña o decir palabras. Estoy segura de que la intención de mi mirada cambiaba cada tres instantes. Él se empezó a estresar, tampoco sabía qué hacer.
– ¿Dónde estabas? – le dije al fin con la poca congruencia que encontré entre mi cagadero emocional.
– Tuve que ir a firmar unos contratos a Querétaro, pero perdí mi celular y no pude localizarte – me dijo. Sus ojos brincaban por todas partes. Estaba mintiendo.
– ¿Y por qué apestas a alcohol, por qué no me avisaste? – le pregunté, sentenciándolo, con toda la frialdad de mi alma.
Él no tuvo respuesta alguna, volvió a estallar en llanto y la ira sobrepasó mi necesidad de cuidarlo. Le arrebaté las cosas que había agarrado y las volví a meter a la maleta, él gritaba y suplicaba y sacaba las cosas de la maleta mientras yo las seguía metiendo. Hasta que no pude más y hui al baño. Me encerré y no salí de ahí hasta el día siguiente.

Cuando salí él estaba inconsciente en el sillón frente a la tele con una botella de whisky en la mano. Llena de rabia lo desperté echándole una jarra de agua en la cara y me senté frente a él sin decir nada. Después de eso discutimos, o bueno, él discutió y me hizo un millón de promesas, como siempre, pero ésta vez no le creí. Acepté el acuerdo y todas sus promesas con la única expectativa de verlo fracasar y tener una razón concreta para dejarlo… Pero no fue así.

A partir de ese día Arturo ha sido otro. Al principio estaba como perro regañado, tratándome con pinzas. La primera semana, mientras yo fingía estar dormida, él agarraba todas nuestras fotos y empezaba a llorar. Podía imaginarme lo que sentía, culpa principalmente. Por dejarme sola tantas veces, en la mayoría de las fotos sólo salgo yo, esperándolo, en Navidad en casa de mi suegra, cuando él llegó después de las doce, en la boda de Ramón y en la de Adriana, en el bautizo de su sobrino y en la graduación de su prima. En el viaje a Grecia cuando se tuvo que regresar por un imprevisto, tuve que hacerme amiga de unas señoras y del guía de turistas para no aburrirme. Siempre sola, sin ninguna explicación, su vida para mí siempre fue un misterio.

Y ahora ya no sé qué hacer con él, pasa demasiado tiempo en la casa y siento que me asfixia, cada vez que hablamos me mira fijamente a los ojos, estos ya no bailan, él ya no miente. Conozco a cada uno de sus amigos de la oficina y hasta a la nueva secretaria que está bien pinche y fea. Siempre me contesta el celular y me avisa hasta cuando sale a comer con sus cuates.
Ahora que no está tomando ni escondiéndose de mí, ha encontrado millones de cosas saludables y recreativas que hacer. Se levanta a correr todos los días, come sano, dibuja y escribe. Todo eso genera nuevas formas de vincularme con él, pero no puedo, me da miedo, no sé vincularme con él si no es por medio del dolor. Siento que mi existencia ya no tiene sentido, me he vuelto irrelevante.

Como ya no toma, nunca se pone grosero o violento y jamás peleamos y no entiendo… ¿Por qué soy tan infeliz? ¡Ya tengo todo lo que quería! Si tan sólo hubiera sido así desde el principio… Pero no lo fue, y aun así estaba con él y éramos felices, a veces.
¿Será acaso que la adicta soy yo? al maltrato, a la adrenalina y la incertidumbre ¿Será que Arturo cambió demasiado tarde? ¿Qué sigue? ¿Qué debo hacer? Tal vez ahora debiera de ser yo la adicta, tal vez no soy feliz porque no sé cuánto va a durar ésta nueva actitud de Arturo, no confío en que dure para siempre.

Creo que la enferma soy yo, y no tengo ni puta idea de cómo curarme. Estoy atrapada en un cuento que se trata de Arturo, de su adicción y de como ha logrado sobrepasarla. Su vida es ese infierno que todos mencionan y conocen, ¿pero que hay del infierno que estoy viviendo yo? nadie explica que pasa con los codependientes cuando sana su adicto. Tal vez deba de dejar a Arturo e irme con otro adicto, tal vez deba orillarlo a que vuelva a tomar, tal vez es cosa de que me acostumbre, tal vez es cuestión de tiempo y volveré a enamorarme de él, tal vez necesito confiar o… tal vez necesito encontrar algo nuevo que me haga sufrir.

trascendencia

– ¿Y si salen positivos? –

Logró preguntar mi conciencia a pesar de mi intento constante de callarla. Sentí como el panorama se volvía negro. Se cerraron todos los caminos, no había más. ¿Qué seguiría? ¿Qué sería de mi vida?

Nunca he encontrado el verdadero sentido de la vida, supongo que después de filosofar, todos llegamos a la conclusión de que el fin último es trascender, pero.. ¿Qué es trascender? ¿Cuál es el real significado de trascendencia?

Trascender significa cruzar o rebasar algún tipo de límite. Pero si los límites no existen y son relativos e imaginarios, entonces cada quien tiene sus propios límites y el trayecto de la vida se convierte en el intento de cruzarlos. Me imagino que por eso, la mayoría de la gente, vincula la trascendencia con el ámbito profesional. Si trascender se resume a trazar tus propios límites, entonces todos trascenderíamos. Y si trascender dependiera de los límites establecidos por las demás personas, si tuviera una definición común, entonces nadie lo haría.

Tal vez el único límite real es la vida misma. Por eso Dios, por eso todas las religiones. Porque necesitamos creer que al cruzar el único límite real hay algo esperándonos, lo que le da dirección y sentido, lo que hace que todo el tiempo que pasamos vivos haya valido la pena. ¿Y si no hay Dios, habrá valido la pena?

No sé qué haría si resulto enferma. De por sí la vida es pesada, ahora tendría que recorrer el mundo con la etiqueta más pesada de todas, porque todos me etiquetarían, pero más importante aún YO me etiquetaría. Mi etiqueta sería más una jaula, en la que nadie puede entrar, nadie podría acercarse… una jaula que me alejaría del vínculo más importante que se puede establecer con otro ser. Sólo me quedaría esperar, deambular el mundo sintiendo como mi cuerpo se va haciendo cada vez más débil, convivir sin vincularme, esperar todos los días a que en cualquier momento ¡PUM! Todo se acabe, y no, no estoy dispuesta. A vivir cada día pensando que tal vez es el último, a esperar que el cuerpo deje de funcionar y convertirme en una carga para alguien.

La muerte es algo que todos tenemos presente y no. Sabemos que vamos a morir, mas al no saber la fecha exacta, asumimos que va a llegar después, cuando tengamos algo concreto, cuando hayamos recorrido un largo camino, cuando nos alcance la vejez. ¿Y si no? Deberíamos tener presente la posibilidad de que la muerte nos alcance antes. ¿Qué cambiaría? Por lo general no vivimos esperando morir. Tal vez debiéramos encontrar etapas de trascendencia, para poder trascender de alguna forma si morimos jóvenes, tal vez no debiéramos de hacer tantos planes, porque los planes posponen cosas, los planes dan por hecho que aun queda tiempo, los planes generan más planes y descartan muchos más, nos privamos de la vida, del día a día, por andar haciendo planes. Y generalmente los planes van dirigidos a cierta trascendencia. Planeamos trabajar 20 horas al día hasta lograr ser millonarios, planeamos casarnos y tener una familia, planeamos ser famosos, planeamos recorrer el mundo, escribir un libro, yo qué sé. ¿Y si lo lográramos? ¿Qué seguiría? ¿Qué trascendencia tienen en verdad estos planes? ¿eso es trascender?

No sé si estoy ciega y en verdad no puedo verlo, pero ésta “trascendencia”, éste “éxito” que la gente encuentra me parece vano.

He llegado al punto en el que me parece molesto hablar de la “relatividad”. Sí, todo es relativo. Es fácil escoger no ver, escoger llenarse, escoger creer. Pero mi mente está demasiado dañada, no creo que haya vuelta atrás. Ni siquiera puedo generar un nuevo plan ahora que todo me parece intrascendente.

Tal vez sería más trascendente estar enferma. Así al menos estaría fuera del estándar, así cualquier cosa que lograra sería un éxito por el simple hecho de lograrlo mientras estoy enferma. Tal vez, lejos de una jaula, es la mas grande libertad. Porque sabría que me voy a morir pronto, no tendría que hacer planes a largo plazo y podría simplemente dedicarme a lo que quisiera, no tendría que formar una familia y avergonzarme cuando me de cuenta de que no es feliz, no tendría que pertenecer a la sociedad, ni convivir, ni competir con todos los que buscan “trascender”. Tal vez debería suicidarme.

Una acción vale más que mil palabras. Cualquier cosa que pudiera decir, pensar y escribir valdría madres con el tiempo. Suicidarme sería la mejor protesta. Sí, sería decirle a las personas que me rodean que no son motivo suficiente. Sería descartar todas las posibilidades porque me parecen intrascendentes. Sería decir que cualquier futuro no es mejor a ningún futuro. El suicidio no es más que cansarte de la búsqueda, asquearte de el modo en que hay que vivir. Es no querer luchar por implementar lo que quieres o lo que crees, es no querer nada.

Si me suicidara tendría que hablar con mis padres, explicarles que, a pesar de todo su trabajo y dedicación, la vida no me parece suficiente. Explicarles que simplemente me rehuso a terminar como cualquiera de ellos, o como mis abuelos, o como los maestros, vecinos y amigos. Que sus vidas me repugnan. Que me parece que son más las molestias que las ganancias en cualquier posible camino que pudiera tomar. Que es mi vida y por ende soy libre de decidir si quiero terminar con ella. Y que no hay nada que puedan hacer al respecto.

Y si me suicido, ¿a dónde voy a llegar? me pregunto si Dios estará ahí para juzgarme, tal vez me pida perdón. Definitivamente no merecía esto, no merecía estar enferma. Tal vez me lleven al infierno por atreverme a tomar el límite de la vida en mis manos. Tal vez muera y me tope con un gran y enorme vacío, con nada, sin dioses ni paraísos, sin infierno.

Tal vez el único paraíso es la muerte. La libertad de romper con los grilletes, con la sociedad, con las etiquetas y las expectativas que vienen con la vida misma. Romper con todo.

– García Sandoval Ana – dijo la enfermera sosteniendo un sobre en sus manos

¿Y si no estoy enferma, qué cambia?

amor/dolor

Me miré en el espejo en la pared del baño. ¿Sería que ya no volverías a tocar éste cuerpo? Descolgué el vestidito negro que tanto te gustaba, ese de la espalda descubierta. Quería verme guapa para ti, aunque fuera por última vez…

Caminé cinco cuadras y doblé a la derecha. Te vi a través de la ventana del bar. Estabas sentado solo, fumando un cigarro y mirando al reloj. Los nervios me deshacían, casi no podía controlar mis ganas de llorar. Entré tratando de esconder la temblorina de mis piernas. Tú me miraste de pies a cabeza, tu gesto se relajó un poco en el momento, hasta llegar a mis ojos, ahí se volvió a endurecer.

Me senté junto a ti y te contemplé a la expectativa ¿Qué es lo que quieres decirme? Pensé con miedo. Te tallaste la cara con las manos y mirando a la mesa dijiste:

– He pensado las cosas y creo que lo mejor sería terminar con lo nuestro. –

Terminando la frase me miraste directo a los ojos, para asegurarte de que seguía con vida. Yo sentía la sangre drenar por el agujero que acababas de hacer en medio de mi pecho

 – ¿Así nada más? ¿Ya se terminó? – Logré pronunciar tras un par de segundos. Trataba de mostrarme serena, fuerte. Si cambiabas de opinión no quería que fuera por lástima ni por obligación.  – ¿No crees que merecemos una segunda oportunidad? Prometo no volver a ver a Alejandro.  –

Te mordiste las uñas, tus ojos se paseaban por todo el lugar. Yo te miraba, esperanzada, suplicando desde lo más profundo de mi alma; Hasta que me tomaste la mano y asentiste despacio mirándome a los ojos. Pude respirar… no todo se había perdido.

 A partir de ese día ambos nos tragábamos el dolor y la culpa. Yo me aguantaba el dolor de sentirte lejano, de tu desconfianza y de todas las palabras hirientes y ofensivas que me habías dicho cuando te enteraste. Tenía que entender que lo hiciste porque estabas lastimado, y para poder seguir con lo nuestro tenía que tragarme la culpa. Para no convertirme en un tapete, para intentar hacer las cosas funcionar. Tú te tragabas el dolor de esa imagen, de las manos de Alejandro en mi cuerpo, de mis labios con los suyos, porque muy en el fondo sabías que tenías algo de culpa.

Nuestra historia de amor se siguió escribiendo, pasó el tiempo, las películas, las tardes lluviosas, las cervezas preparadas, los helados de chocolate y los cigarros después de coger. Nada volvió a ser como antes. Una barrera de hielo y dolor se estableció entre nosotros.

Era viernes y tú tenías que trabajar al día siguiente, las tres semanas anteriores me había quedado contigo pero ésta vez tenía muchas ganas de ver a mis amigas y salir. Me hiciste un pequeño berrinche de esos que me hacen explotar y todo desencadenó una enorme pelea. Agarré mis cosas y me fui de tu casa azotando la puerta, apagué mi celular y me dispuse a no saber de ti.

Llegué a la fiesta derramando bilis “¿ya te peleaste otra vez verdad?… yo no sé por qué sigues con él” me dijo Laura en cuanto me vio. Yo llené mi estómago de tequila hasta que todo se volvió borroso y sin darme cuenta me topé con Alejandro. ¿Será que las mujeres sólo somos infieles cuando nos enojamos?

No sé ni cómo estuvieron los hechos siguientes. Recibiste una llamada. Estabas borracho y fuiste a buscarme. Estabas enojado. Querías matar a Alejandro.

A veces creo que nos encontramos para amarnos y para sufrirnos intensamente. Tal vez todo debió ser diferente. Tal vez nunca debí de haberte pedido un cigarro, así nunca hubieras sonreído de esa manera que sólo tú puedes, así nunca me hubieras hecho reír intensamente, ni me hubieras conquistado, así nunca hubiera probado tus labios, ni los de Alejandro y así hoy no estaríamos en donde estamos.

 Al día siguiente recibí una llamada de tu hermano. Iban a velar tu cuerpo hasta las siete de la noche y después lo iban a cremar.

Me miré en el espejo en la pared del baño. ¿Sería que ya no volverías a tocar éste cuerpo? Descolgué el vestidito negro que tanto te gustaba, ese de la espalda descubierta. Quería verme guapa para ti, aunque fuera por última vez.

insight

Ana ha tenido tantos hombres como pares de zapatos. Los encuentra, los usa hasta que le parecen incómodos y los bota, los cambia, decepcionada. Siempre espera más, siempre está buscando el zapato perfecto.

Cuando salimos siempre está atenta, buscando a ese, que la va a volver loca, que va a hacer que su cuerpo estalle de tanta adrenalina, que va a inundar cada célula, cada espacio, a ese que le va a romper cada fibra, cada rincón. Nunca pierde la esperanza.

Pero los sentimientos nunca son como los imaginamos, ni llegan en la forma que teníamos contemplada. A veces, ni nos damos cuenta que están ahí.

Creo que fue el otro día cuando se dio cuenta. Estábamos platicando, como tantas veces, y se le escapó. Un término conocido por los psicólogos como “insight”. Después de decirlo fue cuando supo, cuando ambos nos dimos cuenta. Ella está enamorada de mí. Y ésta forma de amor es contraria a lo que ella esperaba, pero lo sé, lo noto, la llena de calma, le permite sacar cada una de sus facetas, cada una de sus caras. No le da prisa, ni la llena de expectativas, ni ilusiones, ni esperanza. Ésta forma de amor crece sola, sin prisa. No tiene misterios, no la llena de incertidumbre, no cambia. Sólo es. Así como ella es, y yo soy.

En cuanto lo entendió cambió su mirada. Se calmó, como las llamas de una fogata, ardientes pero tranquilas. Cambió también el matiz de su sonrisa, como si guardara un secreto, un secreto que sólo nos pertenece a los dos. Y nos besamos, como tantas veces. Pero todo era distinto, no cambió lo que teníamos, cambió el significado.