El límite.

Despertar a la rutina

por más nueva que ésta sea.

A explotar las limitadas posibilidades,

a aprender lo descubierto,

e inventar lo prestablecido.

 

Enojarte, frustrarte,

querer rebelarte,

creer reinventarte

sigue siendo parte del sistema.

Tú mismo eres el límite.

 

Porque el límite es tu entorno

y sólo somos un cúmulo de estímulos,

de conceptos preconcebidos,

prisioneros de neuronas entrenadas.

Y sin embargo…

 

Cada impulso me lleva hasta ti.

 

El universo no es finito,

limitada es nuestra mente,

y su necesidad de conceptos,

y su necedad de descifrar el tiempo.

Porque mienten los sentidos

 

Incapaces de revelar lo absoluto,

nos hacen creer que existe la verdad.

La búsqueda por la razón es insaciable,

cambiar de perspectiva es otro anestesiante.

Y sin embargo…

 

Las cadenas no se sienten si te tengo a mi lado.

 

Y ya lo sé, que todo es mentira.

Que la vida es un absurdo

sin propósito, sin explicación, sin sentido.

Y aunque cada acción sea un placebo

Quiero vivir, sin embargo.

 

Mirarte hasta el crepúsculo

y que en la noche ciega

el deseo por la permanencia me mienta.

Porque no importa el tiempo,

ni la dimensión del universo…

 

Yo te quiero sin límites.

Mercurio Retrógrado.

Quiero saber de ti.

Pasan años, parecen vidas

y te mantengo al tanto

sin embargo.

 

Que sí,

que sigo viva.

Que aveces te pienso

y me lo sigo preguntando.

 

Que no,

que aún no me he enamorado,

y nada tiene significado.

Que no recuerdo si contigo lo tenía.

 

Y si en realidad no fue tan malo?

Tal vez lo estoy idolatrando

Y si esta vez pongo los límites?

Te irías todavía?

 

Trabajaste aquello que me molestaba?

Aprendiste a escuchar y a ser empático?

Que yo sí que he trabajado y que he aprendido

bueno… tal vez aún me hace falta.

 

Pero tú también me faltas.

Y no sé si lo logre, si me tome toda la vida.

Tal vez me vuelva blandita

como tu boca cuando llorabas.

 

Y yo sé que estás bien,

y que todo ha tomado otro camino.

Que nos estamos comiendo el mundo

cada loco de su lado.

 

Más no encuentro otro atardecer

como el que reflejaba tu mirada,

ni un cuerpo que encaje tan bien

como lo hacía el tuyo con el mío.

 

Yo quisiera encontrar a alguien nuevo,

con quien no fuera tan difícil.

Pero los recuerdos estorban

despintando cada nuevo atardecer.

 

Y no importa mercurio.

Pero cuando se pone retrógrado

quisiera hablarte y pedirte

que (me) regreses.

 

Que te lleves todo el miedo y la amargura,

devolverte todo lo que estorba.

Mas no quiero olvidar lo bueno.

Si lo dejo, a qué me aferro?

 

Tengo que soltar, soltarte y soltarme

Pero… qué pasaría si nos vemos?

Tal vez todo se acabe

Si nos vemos un mercurio de estos.

 

 

 

 

 

Materia.

Cerraste los ojos

y ese último destello

se difuminó poco a poco,

como tus latidos

hasta que te desprendiste.

 

Un instante en el que todo se parte.

El único límite real y tangente.

Final o inicio?

Incógnita permanente…

La muerte.

 

Te llevas contigo más que tu vida,

te llevas la mía,

En pedazos.

Creando ausencias y nuevas carencias.

Una etapa se termina.

 

Tu cuerpo se enfría

y dejas de ser tú.

Te vuelves recuerdo y melancolía,

destinada a transformarte

en la subjetividad de mi memoria.

 

Dejar de estar no es dejar de ser.

Y tú serás para mí, siempre.

Miro a las estrellas y quiero creer

que son algo más que polvo,

que ahora estás con ellas.

 

Y el tiempo egoísta, mezquino y avaro

no le importa y no se detiene;

Haciendo que tu partida parezca natural.

Transformando en absurdo

mi sentimiento más sustancial.

 

Miro tu cuerpo inerte,

no queda rastro de tu presencia.

Ahora eres sólo materia.

Y me pregunto…

Si yo soy más que eso.

El Ciclo.

Entender

Para desaprender luego

Que los conceptos aprisionan

es la duda la que nutre

y no hay nada más fugaz que una certeza

.

Querer

para dejar ir luego

perder el sabor

volviendo el dolor genérico

¿Existe el amor sin vanidad ni ego?

.

Crecer

Para desconocerse luego

Domar los instintos

Civilizar a la razón

Llenarse de placebos

.

El tiempo

Filtro de experiencia

Pensar sin fe

Actuar sin sentir

Morir sin vivir

.

Para nacer luego….

28 Gramos.

Cierro los ojos y despego

el tiempo avanza al ritmo de la música,

con las pupilas dilatadas

Irrealidad, inconsistencia

pierdo el propósito a propósito.

.

Hago la paz con el vacío

¿Resiliencia o desdeño?

¿Pierdo los sentidos, o me surge un sexto?

Suelto el control, si es que lo tuve

el equilibrio es sólo un espejismo.

.

Todo es más claro si se nubla la mirada

olvido mi nombre, me convierto.

Ideas sin raíces,

no hay opinión, concepto o juicio

la rebeldía de la insignificancia.

.

Cuando la única constante es que todo cambia

¿Cómo saber si estás estático?

Reflejos inexactos, humanos primitivos

¿Qué es la felicidad, sino un estado de

In(conciencia)?

.

La delgada línea con la euforia,

romper la rutina es la mejor parte de ella.

Un beso más, amor de menos.

Abrir los ojos y volar

mientras sigues cayendo

.

¿Qué importa la sustancia?

no logro aterrizar.

….

Viajé en el tiempo.

Ya he vivido esto.

A Ella…

A ella,

que tuvo que dejar su cara de niña

atrás y convertirse en soldado

para protegerme.

 

A ella,

que ocultó sus lágrimas y sus tristezas

para sonreír a mi lado, para enseñarme

que aún hay cosas buenas-

 

A ella, que siempre está detrás

empujándome a que siga creyendo

a que siga soñando, a la que no deja

que el miedo me venza.

 

A la que sin conocerme ya me quería,

ya me había soñado;

Quien dejó su vida a un lado

por hacer grande la mía.

 

Hoy celebro el goce,

la suerte y la fortuna

de tenerla siempre cerca

a ella…

…a mi mamá.

Luz Cálida.

El tiempo se espesa

mientras duermes a mi lado,

la luz cálida del atardecer

nos acaricia, pintándonos de naranja.

 

En silencio sonríe mi alma,

mis dedos se pierden por tu pelo,

nada puede perturbarme;

Éste crepúsculo, retrato de cielo.

 

“Que nos dure mucho tiempo” …

Imploro, sujetándote con fuerza.

El sentir que somos afortunados

por habernos encontrado.

 

“Que nos dure mucho tiempo” …

La sorpresa, la suficiencia de querernos,

la sonrisa calma, genuina

las ganas de besos más largos.

 

Y si un final se acerca

queriendo arrebatarnos el momento

dile que no tengo ganas, que no estoy lista,

para que la noche llegue…

 

 

Soledad

Lo malo de vivir en un pseudo-pueblo al cual la ciudad no ha logrado extinguir del todo, son las fiestas. No son parte de tu rutina ni de tus costumbres y, sin embargo, se celebran sin ti.

Empezaron los fuegos artificiales por ahí de las 11 de la noche y Margarita, mi perra, no tardó en ponerse ansiosa. Lleva 8 años viviendo en ésta casa, escuchando la pirotecnia de todas las fiestas de todos los santos y no ha logrado acostumbrarse. No ha logrado entender que en ésta casa está protegida, que nada malo pueden provocarle.

Mientras sonaban los estrepitosos cohetes Margarita daba vueltas, sin saber qué hacer, sin poder deshacerse del miedo. Hasta que concluyó por acurrucarse junto a mí en el sillón, temblando, escondiendo su nariz en mi regazo.  No entendí del todo si me estaba intentando proteger o si estaba protegiéndose en mí. Pero sin duda alguna, el estar a mi lado la hizo sentirse mejor, hizo del miedo algo más llevadero.

Formar vínculos es instintivo.

A lo largo de la vida uno va creando muchos vínculos. Ya lo dijo Aristóteles: “El hombre es por naturaleza un animal social”; Desde que abrimos los ojos por primera vez generamos un vínculo, los que somos afortunados, con nuestros padres. Y así mientras vamos creciendo vamos formando más y más tipos de vínculos que a la larga, definen nuestro carácter, nuestro pensamiento, nuestro único e individual ser.

Estos vínculos, mientras pasa el tiempo, se van haciendo cada vez más fuertes. Se convierten en herramientas, en nuestra raíz, en nuestra seguridad y en una parte importante de nuestra autoestima. Así, llega el momento en el que algunos de nosotros nos convertimos en personas fuertes, independientes, con hambre y sed de aventura. Entonces obviamos esos vínculos, creyendo que podemos prescindir de ellos.

Y entonces te vas, emprendes y te alejas de tus raíces, de tus bases. Intentas ser fuerte y autónomo, porque es así como te enseñaron a ser, es así como quieres ser. Y te quedas solo.

Al principio es fácil, tienes la adrenalina para disfrazar tu soledad y te emocionas resolviendo cosas que antes no hubieras podido. Tu Ego crece con la falta de convivencia, y ese es el principal problema de la soledad, que no te das cuenta de lo aislado que estás, que sigues funcionando.

Poco a poco te vas acostumbrando y la adrenalina se asienta. Es entonces cuando la soledad empieza a asomarse, cuando empieza a incomodar.

Recuerdo la primera vez que me enfermé estando fuera de casa. Nunca sabré si en verdad la gripa es más fuerte del otro lado del mar, o si yo la sentí peor por estar tan sola. La fiebre me tenía delirando tirada en cama y no podía levantarme ni para prepararme algo de comer. No tenía a quién hablarle, quien me hiciera una sopa, un té. Sin embargo, nadie se muere de una gripa, sobreviví y poco a poco se me olvidaron esos tres días de soledad, de insuficiencia propia.  Mas no puedo negar que ese ego tan enaltecido sufrió un daño.

Empiezas a extrañar compartir tu café matutino con alguien, las charlas a la hora de cenar, los viernes con tus amigos, cosas que antes te parecían poco especiales y dabas por sentadas. Hechas de menos todo aquello que te acunaba antes, pero sigues funcionando, intentando negar el hastío que surge del exceso de convivencia con tu propia mente. Intentando negar esa vulnerabilidad que surge entre tanto silencio. Y las rupturas de tu inconsciente empiezan a apoderarse de ti, empiezas a sentir que te sofocas en ti mismo. Esa, es la contrariedad de la soledad, que no estás totalmente sólo, estás contigo.

El otro problema de la soledad es que te deja sin opciones. Es la desesperación.  Te estás ahogando en el mar de la ansiedad y solo ruegas por cualquier cosa, un barco, un salvavidas. Y terminas por aferrarte al primer tronco que encuentras.

Yo no tuve la mejor de las suertes. Ahí, cuando más sola estuve, fue cuando lo conocí. Me aferré a él en ese naufragio, que, aunque no me daba cuenta me estaba carcomiendo.

Hoy que estamos juntos formando un nuevo vínculo, me miras y te preguntas cómo fue que dejé que se apoderara de mi vida alguien así. Ésta es mi mejor manera de responderlo. Resulta que al final no soy tan fuerte ni tan independiente. Que, así como Margarita no logra sobrellevar su miedo a la pirotecnia, yo no pude sobrevivir esa aventura sin un vínculo.

Supongo que al final de todo tengo que agradecerle, porque para bien o para mal llegó justo cuando más lo necesitaba, y de alguna manera u otra, logró cobijar mi alma ansiosa, hasta que el miedo de estar sola se hizo más llevadero.

 

“En la pobreza y en los demás infortunios, se considera a los amigos como el único refugio.» – Aristóteles.

Domingo.

Un día sin ti, conviviendo con tu recuerdo.

Con esa parte que quedó de ti en mí,

y que encuentro:

 

En la marca de tus dientes, aun fresca,

escondida en mi cuello.

En la reminiscencia de tu aroma,

que cobija, sobre mi piel.

En los nudos de mi pelo,

que traicioneros, delatan lo bailado ayer.

 

En mi entrecejo

tu mirada grabada,

ese par de ojos cristalinos

que inundan si me ven.

Y tras la retina quedaron selladas

las luces de neón, cambiando de color

tu piel desnuda reflejándolas.

 

La estela aún presente

del trayecto de tus manos.

Remembranza de imágenes

que evocan sensaciones,

de lo que ayer fue incendio carnal

y que hoy,

acoge mi cuerpo como agua tibia.

 

Hoy domingo no te extraño,

Pues, te traigo puesto todavía.

 

Electra

Cuando corro te imagino detrás de mí
y mis pies aceleran desesperados
intentando huirte, huir de mí.
Pero en cada camino que escojo te encuentro
vislumbro tu silueta entre la niebla
y entonces lo incendio todo y doy la media vuelta.

No hay heridas como la primera.
Como esa que decepcionó tornando la esperanza incierta,
que de un zarpazo abrió los párpados
dejando los ojos abiertos, desprotegidos, desnudos.

Me lastimaste tanto que de las heridas brotaron espinas
ahora es mi piel la que hace daño.
Y esas cicatrices me han (de)formado;
Jamás seré quien era antes de la tormenta,
de ese diluvio de lágrimas provocado
por ti, que fuiste todo.

Que querer convertirte en nada, de nada sirve.
Estás tan dentro de mí
que el resto son sólo redundancias temerosas;
Porque miedo es lo que soy, es en lo que me convertí
después de amarte y entregarte mi confianza.

Y no puedo más que huir de ti,
para descubrirte durmiendo a mi lado en la cama,
revivir ese daño en cuantos ojos me pierdan,
y esconderme en tu sombra cada vez
que el sol me encuentra e intenta calentarme.

Hay días en los que amanezco fuego,
en los que soy fuerza, fulgor y furia;
Me libero de ti, de tu cárcel y emprendo
borrando mis huellas
apurando mis pies en búsqueda del edén.

Luego llueve y recuerdo que soy sólo una gota
que atrapada cae al infinito
incapaz de detener la inercia
cuyo único destino es caer y seguir cayendo
hasta tocar el suelo y reventarse.

¿Cómo poder escapar de ti?
Si eres todo lo que conozco, lo que amo.
Si la primera vez que abrí los ojos fue a ti a quien vi
y ahora sé que vives ahí, en mi inconsciente

En mis pesadillas, en el filo de la ansiedad que escuece,
en las raíces que me aferran a la tierra,
en el susurrar del viento que eriza mi piel
y en ésta herida que por más que quiere cerrar
Vuelve a abrirse, y te sangra

Abro los ojos y te encuentro de nuevo;
Ésta vez en el reflejo del espejo que grita.
Y entonces lo entiendo,
la vida es un instante y yo la he desperdiciado
imaginando que la voluntad existe, mas
¿quién soy yo, para querer sentirme libre,
para creer que puedo tomar las riendas desafiando al origen
para rebelarme ante la natural fortuna
de convertirte en eso que odias y juraste olvidar?